Gertrude
Stein es probablemente lo único genial que ha producido la clase media.
Nació en 1874 en Allegheny, Pennsylvania. Tanto su padre como su madre
no parecieron ser tan importantes en su vida y personalidad como su
hermano Leo. Lo mismo podríamos decir de su primer idioma, el alemán,
que luego cambiaría definitivamente por el inglés, que aprendió hasta
los cinco años cuando regresaron de Viena y París. Su familia era
judía, pero muy pronto quedó sola con sus hermanos, pues cuando ella
tenía doce años murió Amelia Stein, su madre, y a los diecisiete,
su padre. A los veinte años estudió psicología y filosofía con William
James. Luego conoció la medicina pero reprobó algunas materias y se
aburrió. De ese periodo sólo parece recordar con interés sus asistencia
a mujeres afroestadunidenses al momento del parto de sus hijos. En
1896 publicó su primer texto, que apareció en el Psychological Review.
El texto versa sobre la escritura automática, ese fenómeno que más
de una década después iba a transformarse en el método iniciático
de la poética de los vanguardistas europeos. Desde este pequeño hecho
ya se puede apreciar la genialidad y antelación de Stein frente a
los autores varones que serían tomados como los padres de la nueva
poesía mundia1.
Los procedimientos escriturales que iba a caracterizar a Stein en
su obra madura ya estaban en su niñez y juventud, y ella lo sabía.
"Amar repetir está siempre en los niños. Amar repetir es de una manera
sentir la tierra. Algunos niños tienen el amar repetir para las pequeñas
cosas y contar cuentos, otros lo tienen como algo más hondo. Lentamente
esto brota en ellos en todo su ser niños, en su comer, jugar, llorar
y reír. Amar repetir es de una manera sentir la tierra" (The Making
of Americans). Lo mismo podría repetirse de su fobia a las comas,
esos puntapies al flujo verbal. (Quitar las cosas paradójicmaente
convierte a la escritura en un flujo a la vez que es una mecánica).
En sus tareas escolares junto al reconocimiento del contenido hoy
se encuentra notas manuscritas donde sus maestros le pedían corrigiera
su "desdén" por las comas y otros signos de puntuación. Esto prueba
cómo estos rasgos no era meros accesorios de una opción estética o
moda tipográfica. Stein odiaba a las comas pero ese odio derivaba
de sus teoremas sobre el lenguaje y la creación. "A lo más la coma
es un punto pobre que permite detenerte y tomar aire pero si quieres
tomar aire deberías saber por ti mismo que quieres tomar aire" ("Poetry
and Grammar"). Una observación como ésta, por cierto, podría parecer
un nuevo corolario de una estética surgida de la filosofía pragmatista
(después de todo, ella fue alumna de William James), pero la coma
no sólo era una inconveniencia práctica para Stein: era un error existencial.
La coma interrumpía el "presente prolongado" o "presente continuo"
en que Stein escribió la realidad.
En 1903, Gertrude Stein se muda a París y no regresaría a Norteamérica
sino hasta tres décadas después. Desde que llegó se hizo coleccionista
de pinturas y amistades intelectuales que iban a su casa a ver los
cuadros y reunirse cada sábado. En París permaneció rodeada de personas
que "no sabían inglés" dejándole "todo el ingles para ella sola".
Es muy probable también que haya permanecido ahí por la relativa tolerancia
cultural a su relación lésbica con Alice Toklas, a quien había conocido
en 1907. París era la capital literaria del mundo, basta leer The
Autobiography of Alice B. Toklas (1933) para conocer los veladas de
Stein y su hermano, y luego las de ella y su compañera con Picasso,
Braque, Hemingway, Gris, Matisse, Max Jacob, Pound, Fitzgerald, etc.
Francia era la segunda patria de Stein, la patria adecuada para hacer
su obra:
Esto es porqué los escritores tienen que tener dos países, aquel
al que pertenecen y aquel en el que viven realmente. El segundo es
romántico, está separado de ellos mismos, no es real pero realmente
está ahí. Los ingleses victorianos tenían así a Italia, los estadunidenses
del principios del siglo diecinueve tenían así a España, los de mediados
de siglo diecinueve tenían así a Inglaterra, mi generación la generación
del fin del siglo diecinueve tuvo así a Francia... el otro país que
necesitas para ser libre es el otro país no el país al que realmente
perteneces... La nación estadunidense es ahora casi victoriana, muy
claramente victoriana, muy tempranamente victoriana, ella es un rico
y dulce hogar pero no es un lugar de trabajo. La casa de tus padres
nunca es un lugar de trabajo es un bonito lugar para crecer (Gertrude
Stein's America).
El humano ha llegado a un momento en que está dividido entre dos culturas.
En ese sentido, la experiencia posnacional de Gertrude Stein es un
modelo para nuestro tiempo. Llegamos a las lenguas, siendo ajenos;
nuestra lengua madre no nos resulta natural en cierto momento, llegamos
a lenguas madrastras, a lenguas vecinas, a lenguas artificiales, a
lenguas prestadas.
Pero indudablemente el gran tema de la obra narrativa de Stein es
Estados Unidos y su pasión por el inglés. Su novela The Making of
Americans (1925) trata de la vida de varias generaciones de una familia,
que es a la vez la historia de Estados Unidos y de acuerdo a su autora,
"la historia del mundo". La concepción que tenía Stein de su patria
original es una de las pocas cosas que salvan a Estados Unidos, una
de las naciones más atroces de la historia de la humanidad. "Qué es
Estados Unidos de América. No es un país rodeado por un muro ni por
un océano. En breve Estados Unidos de América no está rodeado". Una
visión optimista, como la de Whitman; más colorida e inocente que
la visión del Estados Unidos excluyente que experimentaba en su piel
Langston Hughes, o la visión lejana y sombría que tenía la Generación
Perdida (todos ellos comensales y conocidos de Stein). Esta visión
sería sustituida en poco tiempo por la visión paranoica y nihilista
de los escritores malditos beats, que heredaron sus procedimientos
de experimentación radical con las vocablos, pero no su idea de Estados
Unidos. Para ellos Estados Unidos era un país rodeado con alambre
de púas. Ciertamente no sería la visión que tendrían el gobierno estadunidense
que se concebía rodeado por los comunistas y sus cómplices domésticos.
Otros de las rasgos definitorios de Stein es su megautoestima. Algo
que quizá desarrollo para contrarrestar su desventaja social al ser
triplemente condenable por ser judía, mujer y lesbiana. También en
un momento esta autoestima le serviría para protegerse de la condena
de quien había sido alguien tan importante en su crecimiento emocional
e intelectual: su hermano Leo, que había comenzado en la primera década
del siglo a creer que su hermana era una tarada. Mucho de la escritura
de Stein podría interpretarse como la prueba de su superioridad sobre
su hermano. Stein nunca dudó de su genialidad. La ostentaba. Decía
ser el equivalente de Picasso en la escritura. Con su hermano Leo
había roto cuando él pareció incurablemente celoso y enemigo y de
sus gustos por algunos de los nuevos pintores. Tal sería su megautoestima
que Hemingway cuenta en sus memorias parisinas que si alguno de los
invitados de los legendarios sábados quería volver a ser invitado
más le valía no mencionar más de una vez el nombre de Joyce frente
a Stein. (Indudablemente la obra de Stein es superior a la de Joyce).
En su gira por Estados Unidos en 1935, dijo ante un auditorio universitario
que lo único que la detenía a decir que ella era más grande que Shakespeare
era que Shakespeare estaba muerto y que él ya no podía replicar que
él era más grande que Gertrude Stein. "El tiempo lo dirá". También
recordemos que Tristan Tzara decía que Stein era un "caso clínico
de megalomanía". Pero contextualizando la vida y obra de Stein, vemos
que su invencible autoestima era algo que verdaderamente la protegió.
(Su obra era revolucionaria y peligrosamente compleja). La escritura
de Gertrude Stein, escribir más allá de la puntuación convencional,
más allá de la sintaxis acordada, escribir reincidiendo y reciclando
los materiales verbales del pasado textual para volverlos aparición
presentista, son todas lecciones suyas. Antes del cubismo y la música
electrónica, ya existía Gertrude Stein.
Además, ella misma como mujer atentaba contra las susceptibilidades
y complejos que generalmente padecen los varones. Recordemos que desde
su peinado (al estilo del César) hasta su vestimenta, se adelantó
a la moda que adoptarían las lesbianas y artistas de finales del siglo
XX. El gran ego de Stein era necesario. Además, en su obra experimental
desvaneció al sujeto. Su juego es su ego. Cuando apareció ese gran
libro de experimentación con los nombres y la sintaxis que es Tender
Buttons (1914), el libro más sabroso e intrigante que ha producido
la tradición experimental en Occidente, la revista Life comenzó una
serie en que se parodiaba el estilo "absurdista" y minimal de las
descripciones de objetos que hace Stein en su pequeño libro. La prensa
tuvo su festín de ridículo cuando salió el libro. A no ser porque
Stein tenía un sentido del humor tan grande como su autoestima, eso
la hubiera destruido o intimidado (que es lo que buscaban sus críticos,
siguiendo esa tradición tan europea de la crítica literaria como intimidación
al creador, como violencia hermenéutica). Lo que Stein hizo fue escribir
una carta al editor de Life, aclarándole que ella era más graciosa
y audaz que sus imitadores, así que no entendía porqué no mejor la
publicaban a ella. El editor estuvo de acuerdo y publicaron sus fragmentos.
Stein no tenía un estilo personal, sino un procedimiento mecánico.
En "Composition and Explanation" (1926) explica cómo escribió Three
Lives (1909) y The Making of Americans (1925), que algunos (ella entre
ellos) ubican como una de las tres grandes obras del siglo XX junto
con En busca... de Proust y Ulises de Joyce. Su procedimiento era
triple: escribir todo en un presente continuo, escribir usando todo
(cada objeto, cada situación, cada perspectiva), escribir comenzando
otra vez, una y otra vez (el ahora como tiempo perpetuo). Este procedimiento
le permitió romper con la linealidad del relato y su secuencialidad
anecdótica (como Proust y Joyce también habían hecho). Leer la prosa
de Gertrude Stein es una experiencia de deconstrucción del tiempo,
de aparición atómica del lenguaje.
Stein, por otra parte, fabricaba párrafos. Fue, entre otras cosas,
una cubista de las palabras, escribiendo retratos de personajes desde
distintas perspectivas simultáneas. Ahora también podríamos entender
su escritura a través de conceptos como Sampling o Rewind. A pesar
de todas sus innovaciones y experimentos el reconocimiento no pasaba
del pequeño círculo inmediato de los escritores que la frecuentaban.
Su gran descubridora era su compañera Alice, que no sólo fue quien
ayudaba a mecanografiar, editar y pagar las autopublicaciones de Stein,
sino además fue una de sus principales promotoras. Se dice que ella
fue quien llamó la atención sobre la luego célebre frase "Supose a
rose is a rose is a rose is a rose" que había aparecido en un número
de la revista transition en 1927. Podría ser que la obra de Stein
no fuera posible sin tomar en cuenta la función de Alice.
No es inocente el hecho de que la misma Gertrude haya escrito su autobiografía
haciéndola pasar lúdicamente como la autobiografía de Alice. Algunos
incluso llegan a establecer que su relación fue un tanto abusiva,
patriarcal (el mayor delito ético que uno puede cometer en tiempos
feministas). En muchas fotos, Alice aparece un paso atrás como solía
acompañarla cuando caminaban juntas. Sin embargo, a pesar de estas
sugerencias de domino masculino, el mismo final de la autobiografía
lúdico-apócrifa establece la compleja identidad de ambas:
Ella bromeaba y me decía que yo debería escribir mi autobiografía...
luego comenzó a decirlo en serio y decía, sí pero en serio deberías
escribir tu autobiografía... Soy una muy buena ama de casa y una muy
buena jardinera y una muy buena tejedora y una muy buena secretaria
y una muy buena editora y una muy buena veterinaria de perros y tengo
que hacer todo a la vez y me es difícil añadirle ser una muy buena
autora. Hace unas seis semanas Gertrude Stein dijo, no me parece que
vayas a escribir esa autobiografía. Ya sabes lo que voy a hacer. Voy
a escribirla por ti. La voy a escribir tan simple como Defoe hizo
con la autobiografía de Robinson Crusoe. Y lo hizo y aquí está.
Cesar Pavese escribió que "el peor juicio que alguien podría emitir
de la Autobiografía es decir que uno no se esperaba el final". Cierto.
El final es inevitable. La sorpresa no proviene del hecho de que hasta
esa página no hubiéramos imaginado quién realmente hablaba. Eso uno
lo sabe desde la primera línea. Pero la identidad de esa voz es algo
que posponemos. Lo sorpresivo viene porque la última línea nos confirma
lo que sospechábamos de la primera y sabemos que con ellas Stein se
salió con la suya. En el arte de finalizar un libro, que ha obsesionado
tan estéticamente a Occidente, el final de The Autobiography of Alice
B. Toklas es uno de los más satisfactorios. Satisfactorio porque tiene
la forma de un acertijo. ¿Quién es la voz de la escritura, quién es
el sujeto poético del texto? ¿Alice? No, porque el texto mismo dice
que ella jamás escribió la autobiografía que estamos leyendo. ¿Gertrude?
Tampoco, ya que ella es la tercera persona en el texto. El sujeto
es la diferencia idéntica entre Alice y Gertrude.
También la diferencia idéntica es la principio que engendra el lenguaje
resonante y repetitivo que ha hecho distinguible a Gertrude Stein.
La diferencia idéntica es la ley de la variación de lo mismo hacia
lo distinto que opera en sus textos, donde una frase va transformándose,
"expresando el ritmo del mundo visible", variando sobre sí misma,
danzando una idea a veces abstracta a veces sonora:
Amar es algo. Cualquier cosa es algo. Los bebés son algo. Ser un
bebé es algo. No ser un bebé es algo. Llegar a ser cualquier cosa
es algo. No llegar a ser cualquier cosa es algo. Amar es algo. No
amar es algo. Amar es amar. Algo es algo. Cualquier cosa es algo.
Cualquier cosa es algo. No llegar a cualquier cosa es algo. Amar es
algo. Necesitar llegar a algo es algo. No necesitar llegar a algo
es algo. Amar es algo. Cualquier cosa es algo (A Long Gay Book). 2
Es esta transformación incesante (incezannente) al corazón de
las palabras en Stein es la que ocasiona que sus numerosísimos críticos
anglosajones descubran tantos subtextos en su obra. Para algunos sus
palabras esconden otras. Sus frases absurdas tienen un sentido político,
feminista, teológico, semiológico, etcétera. Si la crítica se funda
en el hecho de la insondabilidad de las palabras, las palabras críticas
de Stein han originado más y más palabras, esas más-palabras en que
consiste la crítica.
Después de haber sido ignorada por sus compatriotas durante dos
décadas, finalmente se hizo una celebridad cuando la "autobiografía"
de Alice B. Toklas se convirtió en un best-seller en Estados Unidos,
aunque ese libro es uno de los menos experimentales de su obra. Lo
más complejo está en su poesía, en libros como Stanzas in Meditation
(1932) o en sus tratados como How to Write (1931). Al obtener el éxito
gracias a la "autobiografía" hizo su famosa gira de conferencias por
varias universidades que la hizo todavía más famosa.
Cuando regresó a Europa y la Segunda Guerra Mundial azotó a Francia
y la raptó, Alice y Gertrude no la pasaron tan bien. Salieron de París
para irse a vivir al interior donde sobrevivieron hasta que París
fue liberadada. Cuando regresaron en 1944, su casa nuevamente se hizo
un lugar de visita. No eran ya los lejanos pintores vanguardistas,
ni los jóvenes escritores veintiañeros de los años veinte, sino los
soldados norteamericanos de quienes sin embargo no deja de decir algunas
verdades. "Estos soldados tienen pin-ups de mujeres por todos lados…
idealizan a las mujeres, pero cuando caminaban por las calles de París,
muchos de ellos estaban borrachos e insultaban a casi toda mujer que
encontraban" mientras que de los alemanes decía "Enseñénles desobediencia,
mientras sean obedientes tarde o temprano serán mandados por un mal
hombre y habrá problemas. Enseñénles desobediencia… La gente obediente
va a la guerra, a los desobedientes les gusta la paz". La obra literaria
de Stein está repleta de comentarios memorables. El más memorable
de ellos es quizá el que recuerda que hacer comentarios memorables
no constituye buena literatura.
Gertrude Stein no ha sido extensamente traducida al español y
desgraciadamente mucho de lo poco que se ha intentado traducir es
una sucia destrucción de su escritura. Sus traductores añaden comas
donde ella las había omitido gracias a conjunciones o libertades,
disimulan las repeticiones de frases o estructuras gramaticales, naturalizan
su sintaxis, no prestan atención al sonido ni los juegos de palabras,
en suma, parecen empeñados en contrariar todos los procedimientos
de la movilidad, abstraccionismo y repetición idiosincrásicas de Stein,
gran matriarca de la prosa no figurativa. Bien puede que esta destrucción
de su obra sea un intento por no parecer malos traductores. Esto es
lo más lamentable. La cobardía a la literalidad y el complejo cultural
suelen ser los peores atributos de un mal traductor. Casi todo traductor
cuando no quiere parecer malo decide hacer parecer al autor traducido
como un autor convencional. Pero también en esto parecen olvidar que
la misma Gertrude usaba un inglés "anormal". Cuando un editor tuvo
en sus manos Three Lives envío a alguien para que averiguara si la
autora realmente conocía el inglés. Esta anécdota lo dice todo.
En nuestra tradición vanguardista quizá un equivalente a Stein
sea Ramón Gómez de la Serna. Como ella, él es el pionero casi olvidado
de la vanguardia. El inventor de los métodos de escritura novedosa,
desde la greguería (tan imitada y ridiculizada como la propia escritura
de Stein). Tan incomprendido como ella. En algún momento Gómez de
la Serna será tan venerado como ahora lo es Gertrude Stein en Estados
Unidos, aunque Estados Unidos todavía no tenga una clara idea de la
dimensión de la obra que Gertrude Stein escribió. Su obra es enorme.
Afortunadamente es una de las obras que generaciones disonantes la
veneral de manera semejante, dándole nuevas interpretaciones a su
técnica e ideología.
Las anéctodas nunca resuelven nada. Sólo entregan la calma necesaria
para alejarnos de la desesperación que a veces caracteriza la búsqueda
del sentido. La última anécdota de la vida de Stein entrega esa calma
necesaria. Toklas cuenta en sus memorias que cuando Stein estaba muriendo
y lo sabía, Gertrude le preguntó a Alice: "¿Cuál es la respuesta?".
Alice no contestó nada. Gertrude respondió: "En ese caso, ¿cuál es
la pregunta?"
1 En Everybodys
Autobiography (1937), Stein escribe sobre ese artículo: "Esa es la
historia del artículo acerca de la escritura automática sobre el cual
se ha basado una gran parte de la teoría sobre mi escritura. No, la
escritura debe ser muy exacta y uno debe darse cuenta de lo que hay
adentro de uno y entonces de alguna manera esto sale en palabras y
entre más exactamente las palabras se ajusten a la emoción más hermosas
serán las palabras..."
2 Cuando
en 1906 Picasso pintó el paradigmático retrato de Gertrude Stein,
se cuenta que a nadie excepto a él y a ella le gustó. "No se parece",
decía medio mundo. "Pero se parecerá", contestaba Picasso. A los pocos
años, en verdad, Stein se asemejó bastante al retrato. Aquí también
pareció operar la mágica diferencia idéntica. Picasso no había hecho,
propiamente, un retrato de Stein sino una variación. Como las variaciones
de Stein, ésta a final de cuentas terminaría siendo idéntica con aquello
que comenzó diferenciándose.
Heriberto
Yépez /
Cabrasola se colgó de la
red en diciembre de 2001. Última actualización: vete tú
a saber cuando ...
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