La historia de la escritora estadounidense Sylvia Plath (Boston, 1932
/ Inglaterra, 1963) y del escritor inglés Ted Hughes es una historia
llena de mitos y ha sido comparada con un Romeo y Julieta post-feminista.
Ahora, con la publicación en España de Los diarios de Sylvia Plath,-
que, tanto en español como la nueva edicición inglesa, incluyen fragmentos,
antes censurados por Ted Hughes- salen, de nuevo, más artículos sobre
la pareja, como ocurrió con la publicación del libro de poesía de Ted
Hughes, Cartas de cumpleaños en 1998, que escribió durante 25
años tras el suicidio de Sylvia Plath
Sylvia Plath es una mujer importante no por haberse suicidado, o por
haber estado casada con Ted Hughes, o por ser un símbolo del feminismo.
Es importante porque, habiendo sufrido, ella tuvo la necesidad y la
valentía absoluta de mirar y expresarlo todo con una sinceridad a veces
escalofriante. En su diario escribe (17/7/57): "Escribiré hasta que
empiece a escribir sobre mi yo verdadero".
En vida, Sylvia Plath publicó la novela La campana de cristal,
el libro de poemas El coloso y un poema para la BBC titulado
Tres mujeres (además de muchos poemas y cuentos sueltos en revistas).
Tras su muerte, Ted Hughes publicó otros de sus libros y en 1981, Collected
Poems de Sylvia recibió el Premio Pulitzer.
Y, aunque la mayoría de la gente considera los escritos de Plath algo
deprimentes, como dice Anne Sexton, otra escritora norteamericana, amiga
de Sylvia, "quizá la mente creadora que explora sus angustias más profundas
sea el único espejo que el arte pueda ofrecernos hoy, y es muy posible
que la única liberación de un mundo que niega los valores del amor y
la vida sea precisamente el mundo de la muerte".
El
mito de Sylvia nos la dibuja como víctima de un mundo machista y víctima
de un marido que la abandona, y como una americana en el exilio. Por
otra parte, nos encontramos con el mito de Sylvia como poeta maldita
y suicida, enfermiza y algo loca, demasiado atrevida para no dañarse
a sí misma.
Pues bien, Sylvia no era una víctima del exilio por el hecho de ser
una americana en el extranjero. Ella decía que se encontraba mejor en
Europa que en su propio país, aunque sí echaba de menos a sus familiares.
Sylvia era una persona que se hubiera sentido extranjera en cualquier
país. Como dice en su novela semi-autobiográfica La campana de cristal,
"[...] tenía que estar pasándomelo en grande, [...] tenía que estar
ilusionada como las otras chicas, pero no conseguía reaccionar. Me sentía
quieta y vacía [...] como el ojo de un tornado, moviéndome sin ninguna
fuerza..."
Y es tras el viaje a Nueva York, cuando experimenta estas sensaciones,
cuando, tanto en la novela como en la realidad, ella intenta quitarse
la vida por primera vez.
Respecto al machismo y el abandono de su marido como posibles causas
de su suicidio, hay que recordar que ella no tenía claro casarse y fue
el conocer a Ted Hughes, también poeta, lo que la convenció. Él fue
una de las personas más alejadas del machismo, ya que se turnaban para
escribir, incluso cuando tenían dos hijos que atender. Si no hubiera
sido por un marido como Ted, probablemente no se habría casado por miedo
a que el matrimonio le costara el sacrificio de su vocación de escritora.
En su novela, ya citada, describe el matrimonio convencional como un
estado totalitario:
"También recuerdo a Buddy Willard diciendo, con una seguridad siniestra,
que una vez que me casara me sentiría diferente, que no iba a querer
seguir escribiendo poemas. Entonces pensé que quizá fuera verdad, que
cuando uno se casaba y tenía hijos era como un lavado de cerebro, y
que después una iba por el mundo sedada como un esclavo en un estado
totalitario".
En cuanto al abandono de Ted, eso ya es entrar en especulación, pero
el matrimonio sufría muchísimo cuando ya tenían dos hijos. En suss diarios,
ella deja claro que el cuidado de los niños causaba conflictos tanto
entre la pareja como en el trabajo que tenían como escritores. Sylvia
Plath luchó por representar varios papeles que a menudo resultaban contradictorios,
o por lo menos conflictivos entre sí: era madre, esposa, amante, artista.
Sylvia Plath es como una heroína trágica, como un símbolo para la humanidad
ante el peligro del suicidio. O más bien, ante el peligro de dejar morir
su vida espiritual, porque el estado en que se encuentra el mundo moderno
parece ser que la muerte de lo espiritual es necesaria para sobrevivir.
Sylvia Plath prefirió volver a la tierra antes que dejar morir esa parte
tan esencial.
En su epitafio a Sylvia Plath, Anne Sexton cita un fragmento de una
carta de Kafka: "Un libro debería ser como un hacha ante el mar congelado
que tenemos dentro".
Y Syliva Plath fue una mujer que dio hachazos por el mundo por medio
de su arte.
Lisa Liibbe Lara