Te has asomado al balcón
y apoyándote en su barandilla
has contemplado el agua
La luz de la tarde
golpeada por las olas.
Después el rostro encendido
de la noche cayendo
sobre la espuma fatigada.
Un temblor lejano de alas
amenaza tu mirada.
La línea del horizonte
quedrándose
entre las sombras de la memoria.
...Y el Atlántico se vuelve oscuro
como tu ausencia
una voz un instante
en medio de la tierra
Y
un día más y otro
te leo las arrugas
del tiempo
junto a las aguas
y eres feliz.