Finalmente
le vimos las garras, los gritos, sus poses animal. Le vimos los ojos
rojos de furia, sus ansias asesinas. Le vimos mostrando el culo con
alegría mientras en las calles de El Silencio se masacraba a gente inocente.
Bienvenido gorila al concierto de los inmundos latinoamericanos .
De Pinochet a Videla, de Gatieri a Somoza de Collor a Fujimori, un solo
gorila se apoderó de nuestra historia y mutiló ya no a nuestros pueblos,
sino ese deseo cada vez más improbable de vivir más o menos civilizadamente.
Si había dudas del gorila -casi siempre lejanas, de gente que no vive
aquí, de esos que por odio pedían venganza- que esas dudas ya no tengan
espacio. Esas dudas tienen bandas armadas, disparan a malsalva, allanan
las casas, intimidan a escritores. Es un gorila. Uno más. Y nada más.
Censurados los medios, intervenidas las instituciones, armando milicias
que dispararon alegres, festivas, radiantes, a compatriotas desarmados,
el gorila se viste de gala y con risa observa cómo sus monerías gustan
a los que le aplauden en el patio y entre los que lo admiran de lejos,
con su café pero en Buenos Aires, con su antinorteamericanismo pero
en Madrid, con sus deseos de justicia, pero en Paris. Latinoamérica
recibe otro golpe de izquierda. Y no son mejores. Son los mismos. Acaso
peores.
Bienvenido gorila a esta historia nuestra llena de gorilas como tú.
Casi todo te queda grande, hasta tu nombre de gorila
Bienvenido a tu época. Que la nuestra parece asesinada, con un tiro
en la cabeza, como la de inocentes en las calles de El Silencio
Terminó la República. Comienza la Dictadura. No otra, sino la misma.
La misma de siempre. Bienvenido Gorila. Ya te diremos adiós.
Gustavo Ott Dramaturgo/ Venezuela
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